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Los implantes dentales son una fantástica solución para reponer dientes perdidos. Si se colocan en las condiciones adecuadas y se tiene un adecuado mantenimiento, pueden mantenerse en la boca por muchos años, incluso indefinidamente. No obstante ese “pueden” debe matizarse, pues como cualquier elemento insertado en un medio biológico, es susceptible de producir problemas. Los problemas pueden ser de diferente índole: mecánicos (aflojamiento de tornillos, fractura de tornillos o fractura de la corona) o biológicos (infecciones fundamentalmente). La mejor prevención de los problemas es una adecuada planificación y colocación de los implantes dentales. El principal inconveniente es que los problemas no se suelen presentar de inmediato, sino a medio plazo, por lo que tomar medidas de prevención de los mismos que encarecen y complican los procedimientos puede hacer que en ocasiones se obvien, … pero se paga luego a la larga.

  1. La primera condición que debe cumplirse es que el implante dental tenga suficiente ancho hueso alrededor. Es necesario recordar que tras la extracción de un diente se produce SIEMPRE una perdida del hueso donde el diente se sostenía (los dentistas llamamos a ese hueso proceso alveolar). Cuanto más tiempo pase desde la extracción, más pérdida de hueso se habrá producido. A esa pérdida digamos “natural” hay que añadir la pérdida de hueso que puede haber causado la infección responsable de la pérdida del diente (dado que casi todos los dientes se pierden por infección, si bien alguno puede ser por otra causa, como fracturas). Si no hay suficiente hueso para que el implante quede con al menos dos milímetros de hueso en toda su circunferencia (dado que el implante mide aproximadamente 4 milímetros de diámetro, requeriremos al menos 8 milímetros de ancho de hueso, por dar una cifra redondeada), será necesario realizar un aumento de hueso (“injerto de hueso”), que habitualmente se hace con partículas cálcicas de origen sintético o animal, junto con unas membranas de soporte. El hacer esos injertos encarece el proceso (esos biomateriales son caros) y complica el postoperatorio, … pero si hace falta, el no realizarlos facilita la “venta” del tratamiento, pero incrementa muchísimo la posibilidad de tener problemas a medio plazo (e incluso a corto).
  2. La segunda condición es la misma que la anterior, pero en cuanto a “altura” de hueso. La pérdida de altura es más difícil de manejar que la de anchura, pues requiere de técnicas quirúrgicas más agresivas (más riesgo de inflamación y morados tras la cirugía, que no dolor) y algo menos predecibles. Pero no hacerlo en sector anterior creará limitaciones estéticas importantes, y en el posterior empaquetamientos de alimento. La falta de altura puede además agravarse por elementos anatómicos cercanos (seno maxilar o nervio dentario inferior), lo que puede obligar a utilizar implantes dentales más cortos (que por ello deberían ser más anchos), o injertos adicionales.
  3. La tercera condición es tener una encía adecuada. Tenemos (simplificando mucho) dos tipos de encía la “adherida”, que es la que esta alrededor de los dientes y paladar: y la libre en resto de la boca. La pérdida de diente suele acompañarse de pérdida de encía adherida (y queratinizada) en la zona. Un implante dental con un buen grosor de encía queratinizada adherida alrededor tiene mucho mejor pronóstico a medio y largo plazo que cuando esta encía no está. Por ello, si la falta de esta encía es muy manifiesta, es aconsejable hacer un injerto de tejido conectivo (sacamos tejido del palada o la zona de las muelas del juicio y lo colocamos alrededor del implante). De nuevo al paciente se le hace un mundo asumirlo, y para el dentista acaba siendo más fácil no recomendarlo, … pero cuando hace falta, el pronóstico del implante empeora mucho, y cuando este fracase (que lo puede hacer en pocos años), la solución es mucho mas compleja, molesta y costosa.
  4. La cuarta condición es que haya espacio adecuado para la colocación de la corona que va encima del implante dental (el “diente” artificial). Si el espacio entre dos dientes es demasiado pequeño, el implante acabará dando problemas, por lo que si no hay ese mínimo, o lo generamos (por ejemplo, con ortodoncia), o renunciamos al implante dental. Asimismo debe hacer espacio para el diente en sentido vertical. Los dientes contrarios a la zona edéntula tienden a descolgarse hacia esa zona sin diente, y si ha pasado mucho tiempo, puede ser necesario cortar o mover esos dientes contrarios para poder restaurar el implante dental adecuadamente, y eso hay que saberlo antes. Poner una corona de altura inadecuada, y no corregir la posición de los dientes descolgado favorece al empaquetamiento de comida y las fuerzas de masticación inadecuadas, con los riesgos que ellos conlleva.

Por lo antes expuesto, antes de colocar un implante dental es preciso realizar siempre un estudio detallada que incluya un estudio radiográfico (en nuestro caso siempre en 3D), una simulación de la cirugía en 3D y unos modelos de estudio para confirmar que la prótesis se podrá colocar adecuadamente.

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